Los materiales refractarios — ladrillos de alumina alta, magnesia-carbono, SiC, sílice fundida — se diseñan para condiciones extremas: temperaturas superiores a 1600°C, ataques químicos por escoria fundida y ciclos térmicos repetidos. Esta ingeniería exige un procesamiento especializado.
El reto consiste no sólo en atravesar el material, sino hacerlo sin daños, con dimensiones exactas y caras planas para un asentamiento correcto en el revestimiento. La precisión dimensional determina el ancho de la junta de mortero; la planitud de la cara determina el contacto entre ladrillos. Para alcanzar ambos parámetros se requiere la secuencia completa de procesamiento — no sólo el corte.